lunes, 1 de marzo de 2010

01/03/2010

Creo que en cualquier segundo voy a explotar. Hoy veo todo de color negro, no me importa nada de nada. Hoy mi herida volvió a sangrar, y no se hasta cuándo.

Parecía que iba a ser un muy buen día. Al salir de casa me miré al espejo y, como pocas veces, me sentí cómoda con la imagen que ví frente a mí. La lucha que le libré al sobrepeso está dando sus resultados y estaba más que satisfecha. Pero mientras caminaba por las calles vi algo que me paralizó. Pasé por el jardín de infantes al que fui de pequeña, y el mismo reabría sus puertas tras las vacaciones de verano. El corazón se me partió cuando ví a los más chiquitos, algo ansiosos y con miedo ante la nueva etapa, y a sus padres, sacando fotos llenos de orgullo. El hecho de que eso no vaya a ocurrir conmigo hizo que todo el optimismo de la mañana desaparezca muy rápido.

A veces siento que pude aceptar esta pérdida, hay momentos en que cosas simples como un día de lluvia o una estrella brillando en el cielo me hacen sentir muy cerca de mi hijo a pesar de que haya tenido que partir, y eso me transmite muchísima paz. Pero también hechos como el que tuve que enfrentar hoy, que de un golpe me muestran la realidad y me hacen revivir todo lo sucedido: el médico buscando los latidos, la doctora que me dio la triste noticia, la noche siguiente o la vuelta a casa con los brazos vacíos (y créanme que eso duele mucho más que el mismísimo trabajo de parto), y por sobre todo el hecho de que o tendré la posibilidad de la infancia de Sebas.

Me propuse tener otro hijo, ya estoy siguiendo los pasos para poder iniciar la búsqueda dentro de muy poco, y se que pronto estaré en en el lugar de esos padres acompañando a mi pequeño en su primer día en el jardín, pero un hijo no puede ser reemplazado así como así, como si fuese una mascota, y se que siempre me voy a preguntar cómo hubiesen sido las cosas en otras circunstancias.

Saludos, y gracias x leerme!!

***Marian***

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